Chimalhuacán, Estado de México.- En el Estado de México, el arte de trabajar las fibras vegetales ha evolucionado gracias a la utilización experta de diversas plantas autóctonas, como raíces, tallos, hojas o varas, para crear artesanías.
Un ejemplo es el popotillo, una fibra seca obtenida del zacate cambray, que la artesana María Soledad Palacios Torres de Chimalhuacán maneja con habilidad.
Esta fibra, utilizada ancestralmente, se empleaba en la decoración de zonas arqueológicas o escuelas. María Soledad la emplea creativamente en la elaboración de diversos objetos, desde escobetillas hasta retratos, combinando técnicas como el "petatillo" y el "enregado" para lograr diferentes efectos visuales.
El proceso de elaboración implica teñir el popotillo con anilinas, cortarlo y modelarlo con cera de Campeche, y puede llevar desde cinco horas para piezas pequeñas hasta tres meses para obras detalladas.
Esta tradición artesanal se mantiene viva en la región, donde el Instituto de Investigación y Fomento de las Artesanías del Estado de México registra a miles de artesanos, siendo las mujeres las más destacadas en esta labor en municipios como Tenancingo, El Oro, Zumpahuacán y Chimalhuacán, entre otros.